Empezar de la nada a un negocio sólido

Todo empezó en un cuarto de 3×3 metros en Quito. No teníamos mesa de corte, no teníamos máquinas y, para ser honestos, no teníamos experiencia. Lo único que nos sobraba eran las ganas de demostrar que la ropa de trabajo podía ser cómoda y de calidad al mismo tiempo. Así, con unas simples tijeras y un pequeño pedido, nació Tithan.

 
Cuando llegó la pandemia y el mundo se encerró por el miedo, nosotros decidimos que era el momento de actuar. Mientras la incertidumbre reinaba, nos pusimos a fabricar trajes de bioseguridad para hospitales. No dormíamos, el peligro era real, pero el corazón era más grande. Durante esos 6 meses, logramos dar trabajo a 50 familias. Fue increíble ver cómo se creó una red de sustento donde las mamás eran las jefas de hogar, apoyadas por sus maridos e hijos; cientos de personas salieron adelante gracias a ese esfuerzo conjunto.

 

El camino no ha sido fácil. Nos hemos equivocado, hemos echado a perder órdenes enteras de productos y hemos enfrentado dificultades, pero nunca nos rendimos.

 

Hoy, somos una red de más de 50 personas trabajando directamente y más de 100 personas trabajando de forma indirecta. Seguimos con el mismo sentir del primer día: dar un trabajo digno y producir prendas de calidad que realmente cuiden a quienes las usan en el sector industrial.